Paso a paso me cuelo
a un claro en el monte
a fin de buscar allí
a la luz del sol
de esta mañana invernal,
refugio en pleno bosque
para guarecerme
del viento tenaz
que baja de la serranía,
un sitio de helechos en brote
y riachuelos todavía
cargados del lodo
de las lluvias más recientes.
Allí. en media penumbra,
pinos vetustos
acallan los ruidos
de la urbe vecina
y yo me deleito
viendo las hojas bailar
enroscando las parejas
de polluelos abadejos
al son de trinos y gorjeos…
Se pasma mi aliento
ante la vista distante
de picos nevados
formando un círculo
de tres monarcas
ataviados con el blanco
más níveo sobre la tierra.
A través de la arboleda
se cuela un rayo de luz
para iluminar la trocha
con juguetones chispazos
tan tenues finos que forman
ángulos lustrosos
en los redondos peñascos.
Me quedo estática,
de pie.
en acecho
de que un rayito o dos
se enfoquen
de pleno en mi frente
para sentir el alba brillante
de los tiempos nuevos
que llegan con la primavera,
aunque ésta aun no reine,
pletórica y suculenta,
en este nuevo hogar mío,
aquí en pleno corazón
de las montañas.
donde el invierno
es largo, gélido
y sin sol.
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I step lightly 
into this mountain glade:
invited
on this sunny
vibrant
winter morn
to find solace in the thick forest,
running -
from
the harsh
mountain wind
into the heart
of blooming ferns
and young
streams,
still muddy
from winter rains.
Here,
in the early light,
old growth fir trees
muffle the city sounds
not a stone’s throw.
I am gifted the dance
of leaves
billowing round a tiny wren’s
chatter….
my breath softens
at the distant sight
of snow capped
mountain peaks:
three all around,
kings
royal in pure
of purest white.
Through the long
line of trees
a burst of light
showers the path
with sparks of radiance,
so sharp,
they cut luminous angles
in the roundest rocks.
I stand
very still
hoping to catch
a beam or two
sharp
on my brow,
so I might
feel the brilliant sunrise
of this new time
this spring to be
as yet
full and luscious
in this my new home,
in the heart
of mountains
and long sunless winters……
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“La poesía no es lo que vives, sino lo que trasmites,” dice Alejandro Roemmers, poeta y empresario industrial argentino de 54 años en una entrevista reciente en El País de Madrid. Y agrega: “Hay una forma de cambiar el mundo que empieza por tu propio cambio y luego extenderlo. El sentimiento de felicidad interior no lo pierdes. O eres espiritual todo el tiempo, o no lo eres” En este sentido, subraya: “No hay nada que cambie más una vida que un libro.” Así le ocurrió en su infancia con “El Principito” del escritor y aviador francés Antoine de Saint Exupéry (1900/1944), y desde entonces lo obsesionó dar nueva vida a ese personaje en una novela como “homenaje a su autor”. No fue fácil porque tardó casi diez años en obtener autorización de los herederos de Saint Exupéry, pero al fin lo plasmó en “El Regreso del Joven Príncipe” (Planeta 2011), actualmente éxito de librería en Argentina. En esta recreación, el Principito viaja como copiloto de un narrador que no es otro que Roemmers por las carreteras desoladas de la Patagonia mirando la vida con ojos de adolescentes. Tengo ganas enormes de leerlo para comentarlo en DuoPoetico. A quienes preguntamos cómo concilia las dos condiciones aparentemente antagónicas de poeta y hombre de empresa. Roemmers declara que no tiene conflicto porque el producido de las ventas de sus libros lo destina a organizaciones dedicadas a ayudar a los niños pobres. Por mi parte agrego que con gestos de este estilo también se cambia al mundo.
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”Poetry you don’t live, you communicate,” says Alejandro Roemmers, 54, Argentine poet and industrial entrepreneur, in a recent interview in Madrid’s El Pais. He adds: “There’s a way to change the world and this begins by first accomplishing your own change and then expanding it. You don’t lose the feeling of inner happiness: you either have it or don’t have it. Your are spiritual all the time or none at all.” In this context, he stresses: “Nothing changes a life more than a book” It happened to him in childhood with “The Little Prince” by French author and aviator Antoine de Saint Exupéry (1900/1944). Since then he was obsessed with breathing new life to this leading character in a novel of his own as “a tribute to the author”. No easy task because it took him ten years to obtain permission from the latter’s heirs, but finally prevailed in “The Return of the Little Prince” in Spanish (Planeta 2011), currently a best-seller in Argentina. In this reincarnation, the Little Prince is co-pilot in a racing car driven by the narrator–Roemmers himself – along the desolate roads of Patagonia as they look at life with starry eyes of teenagers. I can’t wait to read it for comments in Duopoetico. To those who ask how Roemmers reconciles his two personas – poet and entrepreneur – he says “There’s no conflict. Since I don’t need the income from the sales of my books, I donate it to organizations that benefit poor children.” I might add this kind of gestures also helps to change the world. 
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Las ramas inclinadas hacia mí,
un árbol escuálido y húmedo
emerge de golpe de un rincón familiar,
rojas bayas aun pegadas a la fronda,
hasta ocupar el centro del escenario
en la estrecha callejuela donde
el perro y yo nos amparamos
de la lluvia que arrecia debajo
de esa fronda doblegada y triste.
Ello me evoca las muchas
reencarnaciones y reinvenciones
que todos cumplimos en este tránsito
desde y hacia lo desconocido:
como aquel día en plena juventud
con el sol salpicado de rocío
en una urbe cinco veces más grande
y más ruidosa que ésta, donde
yo vislumbraba un cielo desdibujado
por deseos ilimitados
en pos de tantas minucias
que creemos importantes
en la juventud fugaz
para descubrir demasiado tarde
que carecen de importancia,
largo catálogo de “esto y aquello”
que se acumula año tras año
hasta el día en que despiertas
y sales corriendo hacia
una visión purísima.
de súbita claridad
que llega con el fracaso
y nos deja llevar
por la corriente.
Al fin nos damos cuenta
de quiénes somos realmente
porque en las sombras nocturnas,
ya pasada la tormenta,
al estar desarraigados,
vemos la visión preclara,
el fruto de respirar muchos años,
de engañosos jueguitos,
y tantas batallas libradas…
¿Por cuántas calles
habré yo transitado
en distintas tierras
para regresar siempre a casa
empapada y desmirriada
por la vida?
Curioso que mi memoria se dispare
en medio de este chubasco,
en este nuevo lugar
y justo al despuntar el día.
Más allá de la cortina lluviosa,
diviso un enorme sauce llorón
que nos amparó a los dos.
ambos de alma joven e intensa,
para darnos el primer beso
cara a cara, boca a boca,
en medio de la modorra
de un verano sureño,
Allí mismo percibí el aroma
de la vida que nos esperaba,
y pulsé el corazón
de los hijos aun por nacer.
Aceptamos el desafío,
y entonamos la canción
de nuestras vidas unidas
hasta que enmudeció tu voz
y su cadencia de ternura
mi existencia abandonó.
El perro se me adelanta
como si adivinara
lo que estoy rememorando
y tira de la correa.
Es que sabe demasiado
e insiste en mantenerme
por el buen camino
del AHORA.
Reanudamos el paso hacia
nuevos aguaceros matinales
mas sigo sintiendo
la emoción de aquel beso
que perdura en mi memoria
como gotas de rocío.
.
II
Esta noche el cielo llora que llora,.
de pie sobre el pórtico escucho
en el fresco aire nocturno
la melodía de voces de aquellos
que hemos amado y hemos perdido,
y que ahora me subyuga
más que los cánticos pluviales
y atesoro en mi memoria:
madre te escucho,
hermano te perdono,
amor te amo.
Esta noche dormiré
profundamente
arrullada por la lluvia.
III
En la luz de la mañana
entreabro las persianas
y alcanzo a ver el horizonte
bordeado de una cenefa
de rayitos de sol,
visión que sólo dura un instante
mas me regocija
ante la danza del tiempo.
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I. One more sunset
It’s Christmas Eve,
at Maggie and Steve’s place-
I call it Lakeside Villa,
a tribute
to its unique
natural setting.
where sunset
is a cosmic wonder.
On a nearby shore
a row of average homes
display yuletide bulbs-
no humans in sight.
A good point of reference
for the time when
the horizon launches
its multi-colored spectacle:
among sheered gray clouds,
yellow,
orange,
violet stripes,
dovetail with gold beams,
creating a magic mosaic
slowly descending
from the celestial dome
anchored to a still-radiant
sun as its dips
lower and lower
below earthly edges.
An instant
ephemeral
yet eternal,
valid paradox
for what life
on earth
is all about.
On an island close by,
the profile of a banyan
reflects on bosky leaves
the colliding forces
to remind us we are part
of circular,
cyclical time.
When darkness
envelops the celestial roof,
light bulbs on lakeside homes
seem puny and irrelevant:
mankind’s futile effort
to trump mother nature.
Along the upper darkness
airport-bound jets
twinkle tiny beams,
their distant reflection
on the lake evokes
minuscule fireflies
wanly skimming
the water.
Both these wonders
are indeed
poignant metaphors
for our transient stay
on this earth,
and inspire this
humble
welcome
to Christmas
in the morrow.
II. A Creature of Symbols
As a poet, good or bad,
I’m a creature
of symbols,
gestures,
omens,
whims,
intimate cabalas
and this Christmas
I will merrily indulge
on a couple of new ones.
I’ve coined a new
pseudonym to sign
a few of my poems:
“The Irreverent Patriarch”,
marking my 90 years
and rationalizing
grouchy outbursts,
a warning to those
who refuse to accept
me for what I have been,
continue being
and will always be:
myself
oblivious to sermonizing
and cheap amateur
psychoanalysis
by others.
III. Chaotic Xmas Morning
Noon marked
a chaotic
noisy,
sentimental,
exchange of gifts,
a folksy paean to
“It’s nobler to give than
to receive,”
with active roles
by family’s dogs –
hopping, barking, lapping,
whiffing for treats
in discarded gift wrappings.
When my turn came to give,
I issued the first ukase
from “The Irreverent Patriarch”:
This year, I can’t afford
expensive gifts –
and anyway I hate shopping –
especially confined to a walker,
so I’m giving loved ones
bits of my own long life:
books, paintings,
intimate mementoes,
including,
for the men,
old ties I’ll never wear again,
but have been everywhere
and seen everything.
And for my extended
human and canine
family
a few inner outbursts like
this Christmas poem.
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I.
The branches are leaning
in my direction -
a wet and spindly tree
in the night’s storm
has shifted
awkwardly
from its quiet corner -
red berries
still clinging to its branches,
to full blown
center stage
of this narrow street -
the dog and I
curve our wet selves
around
its sad distorted form:
and I reflect
the many incarnations
and re-inventions
we all suffer
in this journey
to who knows where
from who knows where:
I remember days
of slippery growth
toward a rain drenched
sun
in a city 5 times as large
and loud as this,
where my eyes
glanced toward
skies blurred
by my limitless
desires
for all the many
endless
things
we think
are so damn important
in our slippery youth,
only to find out
way too late
for some
how little they matter -
take all the long list,
the hordes
of who knows what -
you name it:
line it up
from one year to the next,
and then wake up
and
walk away –
to have the pure vision:
sudden clarity
that comes from failure,
from letting go
of the many trappings
we like to say
are who we are,
because
in the night’s dark light,
after the storm -
when you have been
uprooted,
that’s when you
wake up
to the clearest
sight,
the long breath
of many years
in the making,
the games done,
played out
and the battles tired
down to the very end……
How many streets
have I walked
in how many varied lands,
to always return
home
spindly,
and
drenched
in
life…
Funny what triggers
memory:
here in this downpour,
in this new place
on this new day
I see past the rain
to a huge weeping willow
reaching its tears
toward us
as we touched
young
restless souls
face to face
and kissed.
It was our first
and in the summer’s
heat and wet Southern breeze
I could smell the faint scent
of our life to be,
feel the heartbeat
of our sons
not yet born…
We forged our struggle,
sang our life song
until your voice faded,
and its sweet rhythm
fell from my life……..
The dog stares past
me,
like he’s seen
what I am picturing -
and tugs at his leash:
he knows way too much -
and keeps me
in the straight and narrow
of now.
We move
again
toward more
morning rain,
and I can taste
that kiss
sweet
like
these rain drops….
it’s worth keeping.
II.
Tonight,
the sky is still weeping,
I stand on the porch
listening
in the cold night air
and I hear voices:
a long medley
of sounds
from those loved and lost:
they wrap themselves
around me
in a loud
beat
louder than any rain:
its a song
worth keeping -
madre te oigo,
hermano te perdono,
amor te amo:
Tonight,
I will sleep deeply
lulled by the rain…
III.
In the morning light,
I open the blinds
look to the horizon
and see a thin
golden band of
sunlight -
it lasts only a fragment
and I rejoice
in the dance of time…..
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I.
El último ocaso antes de Navidad
Es Nochebuena
en casa de Steve y Maggie
apodada Villa al Borde del Lago,
honrando su entorno natural
donde cada puesta del sol
es un portento sideral.
Sobre costado cercano,
una hilera de casas chatas
con lucecillas navideñas
y ausencia de habitantes.
Buen punto de comparación
cuando en el horizonte
se inicia su explosión el ocaso:
entre deshilachadas nubes grises,
franjas anaranjadas, amarillas,
moradas, verdes, más súbitas
ráfagas de violeta y oro,
colosal mosaico
que poco a poco
se desprende
de la cúpula celeste
anclado al sol radiante,
sumergiéndose
cada vez más hondo
tras los bordes negros
que de la matriz terrestre,
una paradoja al tiempo
efímera y eterna,
que revela
nuestra transitoria
presencia humana
en este planeta.
En un islote vecino
la silueta de un baniano
refleja en frondosas ramas
las colosales fuerzas que chocan
y nos hacen parte
del rodar del tiempo
en sus cósmicas órbitas.
Al reinar la oscuridad
en el techo celestial,
las bujías del caserío
lucen pueril,
vano empeño humano
de retar a la Madre Naturaleza.
En las altas tinieblas,
jets rumbo al aeropuerto
emiten rayitos de luz,
cuyo lejano reflejo
sobre el lago
evoca luciérnagas
retozando en las aguas.
Todas estas maravillas
son metáforas aptas
de nuestro tránsito
en esta tierra
e inspiran estas
humildes estrofas
de bienvenida
a la Navidad
al despuntar el alba.
II.
Un ser que ama símbolos y gestos
Poeta nato, bueno o malo,
y pisciano hasta los tuétanos,
amo los símbolos y gestos,
signos, augurios,
tabús, mantras.
íntimas cábalas,
apodos y pseudónimos.
caprichos y cábalas.
En esta Navidad
me doy el lujo de estrenar
un par de caprichos:
Me he inventado
el nom-de-plume
de “Patriarca Irreverente”
para ciertos poemas
“El Patriarca Irreverente”,
honrar mis 90 años,
y justificar mis pataletas
cuando otros se niegan
a aceptar lo que yo soy,
siempre he sido
y seguiré siendo:
yo mismo, reacio
a sermones hipócritas
y baratos psicoanálisis
de entrometidos,
ya sean éstos extraños
o miembros de familia.
Desembuchado lo anterior.
mi segundo gesto
ess confirmar en el acto
que nombro
dos nuevos nietos
y una bisnieta postizos.
Los primeros son
Matt, el hijo de Steve,
y Robbie, fiel amigo de Maggie
desde la universidad.
Con ambos comparto
una profunda empatía
por su inteligencia,
sensibilidad
y humana compasión
¡Bienvendos, compinches,
al clan lunático,
impredecible
de los Zalamea!
Mi nueva bisnieta
postiza es Emelyn Gabriela,
de tres años,
alias “La Pomposa”,
por sus gestos de princesa,
destinada a quebrar
muchos corazones,
y única nieta
de Lourdes,
la eficaz y compasiva
señora nicaragüense que vela
por mi salud y bienestar
y ha agregado muchos
años a mi vida
para seguir escribiendo.
III.
Eufórico ritual de Navidad
Poco antes de mediodía
se inició
un eufórico,
ruidoso, emotivo
canje de regalos,
folklórico tributo
al precepto
que es más noble
“dar que recibir”,
en el cual participaron
los perros de la familia,
la abuelita Tanya
y los nietos Bella y Goyi,
brincando, ladrando,
dando lambetazos
y olisqueando
bocados secretos
en empaques descartados.
Desde el lejano Oregon
llegaban llamadas celulares,
mensajes de texto,
y fotos digitales
de la prole de Pilar
uniéndose a nuestro rito
mientras se daban banquete
con chuletas de cordero,
arroz silvestre y espárragos.
Cuando me tocó
presentar mis regalos,
emití otro decreto
como “Patriarca Irreverente”:
porque este año no tengo plata
y además odio salir de compras
con ayuda de un caminador,
regalo a mis seres queridos
y amigos especiales,
pedacitos de mi larga vida:
libros, cuadros y otros
íntimos recuerdos,
incluso para los hombres
corbatas que ya no usaré más
pero que han viajado por el mundo
y vivido insólitos momentos.
Para mi extensa familia
humana y canina,
agrego las erupciones
de mi profundo ser
como este poemilla
en el Día de Navidad.
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Poco antes de Navidad,
A compartir cinco emotivos días conmigo,
mi nieto menor Mark de 26 años,
precioso aporte de Pilar al clan Zalamea,
dotado con inteligencia, pasión creativa,
sentido de humor y ternura en abundancia,
viajó casi diez horas desde Oregon,
al otro extremo de Norteamérica,
en un avión trasnochador
con el único fin de cumplir
una cita demasiado postergada
con este vetusto abuelo.
A primera vista me lució
más alto y fornido que nunca,
y todavía más sorprendente,
la nariz redonda que antes
le impartía un aire infantil,
ahora se ha afinado aquilina
y estampa en el rostro
la expresión penetrante
de un galán joven del cine
con los ojos intensos
de la sangre mozárabe
de antepasados Zalamea,
evocando a un Omar Shariff mozo
o a un seductor Vittorio Gassman.
Sospecho que su figura electrifica
a las damas, pronto frustradas
porque Mark le es fiel a Katie,
su novia de la niñez,
con la cual se casa en junio
en la cumbre de una montaña
en pleno centro de Oregon.
Porque que carezco
de una silla de ruedas voladora,
no podré asistir a la boda,
pero si aun sigo vivo en esta tierra,
seguiré la ceremonia
con lujo de detalles,
cortesía de las damas
de mi casa que dominan
los misterios de Facebook.
Nuestra reunión con Mark
se desarrolla tal como
la habíamos planeado:
o sea simplemente
sentirnos más unidos que nunca
compartiendo
sencillos gustos cotidianos:
sabrosas meriendas
de salmón ahumado,
peras maduras,
trufas de nuez y cacao,
que nos trajo en su mochila
a través del continente,
mojadas con vino tinto robusto;
todo bañado con tinto robusto;
ensayando nuevos trucos en la Internet;
organizando mis libros caóticos
para donar tomos redundantes
a la biblioteca pública;
al ocaso pasear con Tanya
alrededor de la cuadra.
Todo esto lo superaron
los ratos compartidos
a la sombra de los mangos,
él guindado en la hamaca
reservada para sus visitas,
yo en un sillón al lado,
platicando hora tras hora
para dar rienda suelta
a nuestros goces,
sueños,
frustraciones,
temores
mientras Tanya nos mira
con adoración cada vez
que deja de perseguir
intrusas ardillas y lagartijas.
Inspirados por la luz crepuscular,
compartimos un par de secretos
que nadie más conoce
en este mundo transitorio.
Mi sueño más anhelado
sería tener a Mark
mucho más cerca de mí
durante el tiempo,
por breve que sea,
que me resta en la tierra.
Mas los dos somos
soñadores realistas
(¡Vaya, vaya, qué ocimoron!)
y sabemos demasiado bien
que esto es mero espejismo.
Mientras tanto,
resignado
a la geografâa,
revivo
nuestra comunión
bajo los mangos,
una y otra vez,
con creciente nostalgia.
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Si ya pasado el momento
y el tiempo es espacioso
gentilmente irreparable
lo honraré con devoción
al deambular perdida
en la luz tenue del alba
para luego dar un salto
a la neblina matutina
como esa piel tan suave
que una vez fue mía
dos veces nacida
muchas veces
despertada
por las voces
de quienes siguen
en espera de unirse
a esta terrestre danza.
Al observar agonizantes
con el cuerpo desecho
por el peso de la vida
he aprendido
que sus ojos miran
hacia adentro
hacia donde
los lotos florecen
entre vapores invisibles
y el invierno los convoca
a una nueva migración
el retorno
a los hilitos de hielo
sútiles s
y lustrosos
cuyos sueños
van y vienen
y por fin desaparecen.
Aprendí también
a ver con ojos cerrados
crepúsculos
y lunas crecientes
reflejados
en pleno corazón
trazados con suspiros
en silencio
para quienes saben
de estos misterios
mas no pueden
compartirlos.
La luz invernal refleja
blanco sobre blanco
el horizonte se torna brumoso
sin costuras
de vastedad implacable
y cual daga ambarina
el sol se desangra
dorado
en la tibia mañana:
rey constante
con su estela
de años calcinados
que consumen
el breve lienzo
que es el tiempo.
Solitaria y erguida
impelida por la fuerza
de tantos
sin rostro
ni forma
que esperan a la vera
la ocasión de nacer
y librar la batalla
con espíritu bravío.
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