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Archive for March, 2011

“El infierno son los otros…”
SARTRE

Se llevaron mis pájaros.
A la ciudad a donde nunca voy.
Se los llevaron.
Temprano bajo la capa de mi sueño.
Quedó muda la casa
y sin algarabía las ramas del jardín
para las madrugadas.
Yo sabía que algo así terrible
me iba a costar mi rebeldía:
el no querer compartir la existencia vacía
de los demás.
de la otra gente,
de los viven
sin libros, ni pájaros ni poesía gesticulate
en una ciudad chata
donde todos gritan y manotean
pero no dicen nada.
Nada.
Todos opinan, parlamentan, garlan.
Pero no dicen nada
y sólo violentan
el horno interior
donde cuezo
el silencio de cada día.

Se llevaron mis pájaros.
Se los raptaron en la mañana.
Eso sí todo en orden:
dejaron un recibo en papel amarillo,
en triplicado.
Y hasta cargaron con la jaula grande,
de los conciertos sabatinos.
¿Para qué quiero yo una jaula grande,
sin rejas. ni siquiera de oro,
ahora que no tengo pájaros?

Se llevaron mis pájaros.
Dejaron un recibo.
Firmado, sellado, numerado.
En triplicado.
Lo miro y lo hago pedazos.
Confetti. Picadillo.
Y se lo entrego al viento.
Yo esperaba una censura, sí,
algún castigo,
pero nunca tan cruel como esta realidad:
papelitos amarillos
que giran en el viento.

Se robaron mis pájaros.
Y empacaron sus trinos con cuidado.
Todo en regla.
Recibo en triplicado.
Constancia del secuestro.
Empaque de gorjeos.
Y yo me quedé no solamente solo,
sino sordo también
sin poder escuchar
un canto breve
ni un trino solitario.
Nada.
Calladamente nada.

Se llevaron mis pájaros.
Yo me quedé varado
en mi viejo jardín,
copia de las selvas de Guyana,
como cualquier corsario jubilado
a quien, con la marea,
de su última gaviota han despojado.
Se los llevaron todos.
Hasta el pomposo cardenal,
dos mirlas enamoradas
y los canarios que cantaban
las arias de “Lucía”
y que yo alimentaba
con el rocío de la mañana.
No me dejaron ni ese cuervo ladino
(oscuro fugitivo de los versos de Poe),
ni el Pájaro Roc de mis cuentos de niño.
Se los llevaron todos.
Definitivamente,
para siempre,.
a la ciudad chata
a donde nunca voy:
urbe densa y supina
con regias jaulas de oro
para aves mudas de plástico.
Sí. Los otros se vengaron.
Tras de empacar trinos y gorjeos
en cajas a prueba de sonido,
metieron todo en un camión de luto
y arrancaron.

Se llevaron mis pájaros.
Irremediablemente.
Una vez en la ciudad chata,
Más allá de las fábricas
de pájaros de plástico,
cerca de los cuarteles
de los espantapájaros,
bajo el techo manchado de abril
de un galpón abandonado,
los metieron en una licuadora avícola
para mezclar graznidos y gorjeos
y que ninguno pueda cantar
con voz individual
y hablen todos sin distingo alguno.
Y después, ¡buuunnnn!
Los  condensaron
en cuentos
para niños
igualmente condensados
que habitan la urbe chata
a donde nunca voy
y  me aplicaron tan brutal castigo.
¡Ay, pobres avecillas mías
para siempre jamás así empastadas
en esos tomos manoseados,
sus trinos, graznidos y gorjeos
totalmente confundíos y ahogados!

Yo me quedé solo,
ausentemente mío,
solitario y soberbio
como un vetusto jeque derrotado
en medio del desierto,
en pleno eje del vacío
en la mitad de nada,
una nada viscosa,
arenosa,
sin aleteos ni trinos,
inexorable  y yermamente
nada.

(Revisado, Marzo 16, 2011)

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Punishment

“Hell is other people…”
SARTRE

They stole my birds
to the city I never visit,
packed them all together,
early,
when I was still dreaming.
The house was left silent,
the trees at dawn
empty of their songs.
It was a warning:
of punishment
soon to come,
for refusing to share
the empty life,
of those who live
without birds,
without books and poems
in the flat-faced city
I never visit:
where everyone yells and gesticulates –
but says nothing.
Absolutely nothing.
Opinions, lectures and speeches
with nothing said,
desecrating the oven
where I bake my daily silence.

At dawn,
they stole my birds:
everything done by the book,
with a yellow receipt
in triplicate.
They even took the big cage
where once
on Saturday morns
the birds sang sweetly.
What the hell!
Why would I ever need
a cage with golden bars
now
with my birds gone?
It’s true: they stole my birds
and left a receipt in triplicate,
numbered, signed  and sealed.
I tear it up in tiny bits –
and like confetti,
throw them to the wind.
Yes,
I expected censure,
punishment,
but nothing as cruel as this:
a cloud of yellow specks
spinning in the breeze.

They stole my birds
according to the book:
a receipt as evidence of the crime,
their chirps and calls
packed in cases.
I was left not only alone,
but deaf as well,
unable to hear one sweet
morning song  or peep.
and surrounded by dense,
hushed
nothingness.

They took away my birds
and left me stranded
in my old garden,
a replica of the jungles
of Guyana,
like a shipwrecked freebooter
whose last seagull
has been dragged along
by the ebbing tide.
They took away all of them:
even the pompous cardinal,
the fragile lovebirds
and the canaries that sang arias
from “Lucia”
who I fed
with drops of morning dew.
They didn’t even spare
the wise,
old raven
escaped
from a poem by Poe,
or the Phoenix
of my childhood fairy tales.
Mercilessly and forever,
they stole the entire bunch
of winged,
singing children,
to the flat-faced city I never visit.
a dense hub
that boasts regal golden cages
for plastic birds.

Yes.
They got their revenge,
packed the songs,
calls and tweets
in sound-proof cases;
they loaded them in a hearse,
and sped off matter-of-factly.

They stole my birds,
I am afraid, irretrievably.
Took them
beyond the factories
where plastic birds are made,
near the scarecrows’ barracks,
in a warehouse
with an April stained roof,
they poured their cargo
into a huge aviary blender
mixing songs,
chirps and tweets
so they could never be heard
as individual voices,
and then,
voooom!
shrunk them into
fairytale books
for the children
who inhabit the flat-nosed city
which I never visit,
My poor little birds,
now forever pressed,
choked and baffled
within the soiled pages
of such gloomy tales.

They left me alone,
here and not here,
solitary and defiant
like an old defeated sheik
in the middle of the desert,
at the edge of the abyss
in sandy nothingness
without the sounds
of wings
or song
or life:
just all-pervading
emptiness.

 

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It was evening,
a night filled with perfumes, whispers, and the music of bird’ wings;
A night
when fantastic glowworms flickered in the nuptial, humid shadows,
at my side, ever so slowly, close to me, listless and silent
as if prey to premonition of the most stinging pain
that inflamed the deep secret of your fibers,
over the path filled with flowers that stretched across the plain,
you were walking;
and the full moon
in the sky, so infinite, so unfathomable, spread its light.
And your shadow,
lean and languid,
and my shadow,
by the moon’s rays silhouetted
on the path’s sorrowful gravel,
were united
and were one,
but one long and lonely shadow,
but one long and lonely shadow,
but one long and lonely shadow…
Tonight,
desolate; my soul
by your death so bitterly pained and anguished,
torn from you by time, distance and the grave
upon that infinite blackness
where our voice cannot be heard,
lone and mute,
on the path I kept on walking…
And dogs braying at the moon came to my ears,
at the pale face of the moon,
and the croaking of the frogs.
I felt cold; the same chill that in your chamber
numbed your precious cheeks, hands and brow
amidst the snow-white linens
of the funereal shroud.
It was frost out of the tomb, it was the ice of the dead,
and the chilliness  of the void…
And my shadow,
sketched out by the paleness of the moon,
walked alone
walked alone,
walked alone upon the prairie;
and your shadow, lean and graceful,
pure and languid,
as in that warm spring evening long ago,
as in that night filled with perfumes, whispers and the music of bird’ wings,
approached me and walked with mine,
approached me and walked with mine,
approached me and walked  mine… Oh embraced shadows!
Oh the shadows of the bodies mingling with the shadows of the souls!
Oh shadows that search each other in tear-filled and somber nights!

I

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Una noche
Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
Una noche
En que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,
A mi lado lentamente, contra mí ceñida toda, muda y pálida,
Como si un presentimiento de amarguras infinitas,
Hasta el más secreto fondo de las fibras te agitara,
Por la senda florecida que atraviesa la llanura
Caminabas,
Y la luna llena
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
Y tu sombra
Fina y lánguida,
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectadas,
Sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban,
Y eran una,
Y eran una,
Y eran una sola sombra larga
Y eran una sola sombra larga
Y eran una sola sombra larga…
Esta noche
Solo; el alma
Llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
Separado de ti misma por el tiempo, por la tumba y la distancia,
Por el infinito negro
Donde nuestra voz no alcanza,
Mudo y solo
Por la senda caminaba…
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
A la luna pálida,
Y el chillido
De las ranas…
Sentí frío; era el frío que tenían en tu alcoba
Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
Entre las blancuras níveas
De las mortuorias sábanas,
Era el frío del sepulcro, era el hielo de la muerte
Era el frío de la nada,
Y mi sombra,
Por los rayos de la luna proyectada,
Iba sola,
Iba sola,
Iba sola por la estepa solitaria
Y tu sombra esbelta y ágil
Fina y lánguida,
Como en esa noche tibia de la muerta primavera,
Como en esa noche llena de murmullos de perfumes y de músicas de alas,
Se acercó y marchó con ella
Se acercó y marchó con ella…
Se acercó y marchó con ella…¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras de los cuerpos que se juntan con
[las sombras de las almas…
¡Oh las sombras que se buscan en las noches de tristezas y de lágrimas!…

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Me complace contribuir a nuestro blog con mi traducción al inglés del Nocturno III del gran poeta postromántico colombiano José Asunción Silva (1865-1896), Aunque bien conocido en Colombia, en EE.UU. no ha sido igualmente difundido. Tuvo una  vida fascinante,  breve y trágica, Siempre quise traducir algunos de sus poemas, ardua tarea debido a la intensa musicalización del español original.  Creo que esta versión en inglés le hace justicia: los lectores tienen la última palabra. Se trata de un poeta alucinante que merece ser conocido más a fondo. Los críticos lo incluyen entre los mayores poetas postrománticos modernistas de fines del Siglo XIX, junto con Rubén Darío (Nicaragua), Leopoldo Lugones (Argentina), Poe (EE.UU.) y Baudelaire (Francia). Miembro de una familia de la alta burguesía bogotana, estudió en Francia y dominaba tanto el francés como el inglés. A su reintegro al ambiente conventual del Bogotá de su época, como poeta altamente sensitivo estaba destinado a convertirse en un inadaptado incomprendido por la sociedad a que pertenecía. Los negocios de su familia declinaban y los acreedores la acosaban. También corrían chismes de que el poeta sentía un amor incestuoso e imposible por una medio hermana, quien se supone fue la inspiradora del Nocturno III.. Después de la muerte de su padre en 1887, Silva trabajó día y noche para pagar las deudas de la familia sin dejar de escribir poesía. Pasó una temporada en Venezuela como diplomático, pero en la travesía  de regreso a Colombia, la goleta en que viajaba  naufragó a la altura de Barranquilla. Aunque salvó su vida, perdió un baúl lleno de manuscritos de novelas y poemas irremplazables. Según la leyenda, el 22 de mayo de 1896, de vuelta en Bogotá, Silva pidió a su médico de cabecera que le indicara la localización del corazón, la marcó con crayón rojo en la camisa, regresó su casa ancestral y se pegó un tiro fatal. Tenía apenas 31 años. Allí no terminó el misterio que rodeó su muerte: hubo quienes sostuvieron que había sido asesinado a raíz de la ruina financiera de la familia. No dejó ninguna nota para justificar el suicidio. Según el crítico Fernando Lleras de la Fuente, mi versión en inglés del Nocturno III conserva la musicalidad de la original en español.

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I am including in my contributions to our blog, a translation I did  of the great post-romantic Colombian poet Juan Asuncion Silva  (1865-1896.)  He is very
well know in Colombia, but not so in the US.  His life was interesting, tragic
and short.  I found his poetry well  worth translating, but most difficult
because of its intense musicality  in the original Spanish.  I believe my
English version does it justice,  but leave that for the readers to decide.
I think it is important to know something of this amazing poet.  He  is
considered one of the great post-romantic, modernist poets along with  Ruben
Dario (Nicaragua), Leopold Lugones(Argentina), Poe (US) and Bauderlaire
(France.)
Born into a wealthy bourgeoisie family in Bogota, Colombia, Silva  studied in
France and spoke both French and English.  Upon his return to  the reclusive
atmosphere of 19th century Bogota, he became a misfit as a  highly sensitive
poet not understood by his peers.  His family had many  business problems and
was plagued by creditors.  He is also said to  have felt an impossible,
incestuous love for his half sister.  It is she  who supposedly inspired the
poem Nocturne III which I have translated.
After his father’s death in 1887, Silva worked day and night to pay  off the
family creditors, all the while writing poetry.  He spent time  in Venezuela as
a diplomat, but upon his return to Bogota in 1895 he was  shipwrecked off
Baranquilla and lost a trunk with his novels and poems.
According to legend, on May 22, 1896, Silva asked his physician where  his heart
was located, traced it with red crayon on his shirt, returned  to his ancestral
home, and shot himself.  He was only 31 years old.  There is still some mystery
around his death – some say he was murdered  by old enemies from his business
dealings.  He did not leave a suicide  note.
This English version of Nocturne III has been said by critic, Fernando Lleras de
la Fuente, to be true to the musicality of the Spanish  original.

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I’m getting out
‘cause clinging vines are not grown in the subway,
and  the imprisoned air
no longer smells of saffron,
sweet basil
and
women in springtime.
I’m getting out
‘cause they’ve
blinded and gagged the parks.

I’m getting out,
‘cause you can no longer
laugh freely and loudly,
and sunsets are sold in cans.

I’m getting out,
an investigation has been decreed on joy:
they’ve  kidnapped  fairies from the kids,
blinded and gagged books-
put them in jail,
and they’re selling death in tiny pills.

I’m getting out,
raids have been declared on vaginas,
they’re editing alcohol’s sweet dreams ,
and instead of birches,
they’re planting iron bars;
all the dikes of terror
have been unleashed.
I’m getting the hell out
‘cause laughter has turned to fear.
Even the last desolate rebels agonize
toward  death.
I’m getting out
‘cause  kisses are strictly censored….

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