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Archive for May, 2011

En esta parte
del mundo,
nuestro invierno
despunta
con las primeras flores
de primavera:
rosas, gardenias y adelfas,
a diario nos colman
con múltiples colores
y esencias,
enjambres de mariposas monarcas
están de regreso
de largas migraciones
por latitudes meridionales,
amanece más temprano
y anochece muy de tarde,
esbozando hermosos
cuadros pletóricos
de cardenales,
pájaros carpinteros,
herrerillos y arrendajos
de múltiples tonos
mientras que ese feote
el abadejo castaño,
sigue allí chismeando
envidioso y tan campante
y el sol quema que quema
los linderos del jardín
dejando estelas de lirios
colorados,
anarajados,
y parduscos.
Este es, pues, nuestro “invierno”,
que yo apodo “aplatanado”
en buen vernáculo antillano:
un sol despiadado
que nos destierra a recintos
de paredes yertas
donde zumba sin cesar
el aire acondicionado
desde cajas escondidas,
y allí nos refugiamos
hasta que se disipa un poco
el calor sofocante y húmedo
y podemos respirar
en lo que resta de tarde.
No es  un exilio forzado
por tempestades de nieve
que congela y enceguece,
mas tiene la amarga ironía
de belleza y crueldad  mezcladas;
la de primero gozar de lindos colores
y luego sufrir los rigores                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         de una solana asfixiante
que confunde a  la mente,
sellando nuestros sentidos
hasta llegar a abrumarlos
con el desperado anhelo
de un semejo de sombra.
Este es nuestro
“invierno aplatanado”
que te obliga a buscar amparo
en medio de un verano
que se niega a darnos tregua…

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In this part
of the world,
our winter begins with
the bloom of early spring,
when the oleanders, gardenias
and roses begin to gift
us daily with color and scent,
and the monarchs return
on their long and vast journey
south –
the sun rises earlier
and sets so much later:
creating a canvas
in which the cardinals,
downy woodpeckers,
titmice
and bluejays
unfurl their luscious colors,
while the homely
brown wren
chit chits in envy
as the sun burns
late into the garden’s edge…
leaving in its wake
lilies vibrant
in orange
red
and pale dun.
This is our winter;
where the searing
daily
sun,
mercilessly
vanishes us
to the confines
of cooled walls,
behind the droning
of ceaseless air-conditioning
units:
boxed
and  hidden
until
the suffocating wet afternoon
lifts enough
one can breath again.
This is our banishment:
not from blinding
raging winter snows,
but bitter
in its irony –
so much beauty
and cruelty
all at once:
sorting out joy
in the earliest of morning  hours,
waking
and drinking in all the colors
predawn
or paying
the price of searing
heat,
when the mind confuses
all the senses at once,
and shuts down
tight
overwrought
heavy
desperate for shade….
This is our winter storm,
driving us in
looking for shelter
as the summer burns on….

NOTE – I TOOK ALL THE PICTURES IN MY GARDEN

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Esta es una noche
que esperaba hace ya tiempo
exhortando al corazón
a perderse
entre las sombras frescas
que llegan en primavera
y allí atisbar tu imagen
bajo las encinas vetustas
que bordean la senda
hacia la ensenada
donde la luna
antigua y radiante
a punto está de reflejarse:
encarnación perfecta
de Buda.

Esta noche el perro y yo
vagamos hacia
aguas profundas
para escapar del riachuelo
profano de la vida
recargada de lecciones
que pesan sobre mis hombros.
En las sombras proyectadas
por el alumbrado público,
el perro se deleita
con los olores nocturnos,
descifrando con calma
los secretos de cada uno,
y es tan habilidoso que intuye
que me siento envidiosa,
por no decir enojada,
en esta jornada para mí
tan caprichosa y tediosa
que describo con palabras
rebuscadas y desteñidas
para balbucear
unos cuantos pensamientos.

Sí. Una vez me sentí capaz
de encuadrar la escoria
dolorosa e innecesaria
de tantos años de vida
dentro de un cofre
de guardar secretos,
entregarlo con reverencia
a los dioses
y consignarlo al olvido,
quizás con la bendición
de la excelsa luna de Buda,,,.
Mas éste aun no demuestra
haber captado el alcance
de mi ingenua exhortación:
radiante y de oro ribeteado,
majestuoso,
ni esbelto ni ligero
como la luna creciente
tejida de hebras plateadas
que se mece sobre los árboles
y me recuerda mi cuna
y los arrullos de mi madre:
¡Ay, cómo quisiera
estar ahora en  sus brazos!
No. Esta luna de Buda
todo abarca y te hace  saber
de manera contundente
que estás  limitada,
plagada de ineludibles
fallas humanas,
y que su brillo potente
te obliga a volver
a la realidad veloz
en que has malgastado
tu vida.

El perro para en seco
en pleno trote
como para oír
desde aguas remotas
el canto de las sirenas
que impulsan
las ondas del tiempo,
tregua para reflexionar
y mirar el firmamento,
donde un planeta azul titila,
y las los astros comienzan
a iluminar las tinieblas…
sin que aparezca aun la luna.
De repente, tu mente
se inunda de sosiego,
al  que anhelas entregarte.

¿Qué más puedes decir?
Con luna o sin luna,
estás sujeta a vivir otro día,
zaherida,
amada
y tal vez,
si tienes una suerte loca
o si te bendice Buda,
volverás
a escribir.

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Al insinuarse la aurora
estoy sentada en una piel de cordero
dentro de  mI  pórtico apantallado;
cierro los ojos para enfocarlos –
tercer ojo,
ojo de buey,
ajna,
índigo,
estrella de cinco puntos,
sede de intuición
aguilucho
pituitaria bendita…
Me deslizo en ese espacio,
los ojos se dan vuelta
y mi espina dorsal
asciende a los cielos,
respiro largo y tendido,
dulce alivio
y vínculo recio
con la esfera dorada
de siddhis,
yogis
y gurus:
¡Ay que rendición
inefablemente tierna!
En el fondo de m vientre
se forman sonidos,
movimientos sutiles,
apenas audibles,
blandos.
tímidos
cual impúberes amantes
apabullados,   
tenues,
nerviosos…
En el jardín
se inician los ritos
de la mañana;
exhortaciones,
trinos,
peinados,
afeites,
y pulimentos
parloteando.
indagando
y chapoteando.  
Oigo con mi piel
a través de los poros
saboreando el goce
de enunciar sílabas
desconocidas:
a’s largas,
h’s sibilinas,
raras mezclas
extranjerizantes,
empero familiares
de un idioma perdido
que musité
antes de esta vida
“aad sach jugaad sach”
la lengua extraviada
entre  redondeles
irguiéndose  para ubicar
el camastro duro
que transforma
colores en ondas
radiantes de amados
sonidos milenarios:
“aadays tisai aadays”
que se postra humilde
ante vibraciones puras
de naad y emerge
“aad aneel anaad anahaat
jug jug ayko vays”
elevando mente,
alma y corazón
hacia la luz pura
que ha sido
la misma
y única
por siglos de los siglos…
La boca se torna corazón
y la mente  alma,
cadena que crece
de eslabón
en eslabón dorado
alrededor del cuello,
e irradia la luz
solar del estío,
ligero como la brisa
que impele las sombras
que me elevan
hacia Amristar –
flotando por encima
de las cúpulas del Templo Dorado,
gozando de deleite puro,
a la vez éxtasis,
energía total,
luz  iluminada
y radiante:
“naanak bhagtaa sadda vigaas”
dimensión carente de tiempo,
sin comienzo
ni fin,
dicha absoluta…
“aadays tisai aadays”
Hago una reverencia,
Alzo vuelo,
Soy, Soy.  

Mucho más tarde,
en pleno crepúsculo
entre sol y luna,
una paloma blanca
abre sus alas
entre mis dos ojos.

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El halito de la noche
exhala fragancias de jazmín,
de magnolia,
y ante todo de gardenia,
flor de tempranas pasiones:
en tiempos ya lejanos,
caminaba
con mi amado
veinte cuadras
en Manhattan
para compartir
cócteles de ron
adornados
con gardenias.
A pie por ser
demasiado pobres
para costear
aquellos brindis floridos
junto con el bus de marras.
Todo ello valía la pena
por ese capullo
a la vez
intoxicante y sumiso
que nos hacía olvidar
nuestra lucha cotidiana:
cenas sinnúmero
de arroz condimentado
con ketchup y pimienta,
noches de invierno
sin calefacción ni frazadas,
y otras calamidades
de convivir con la verdad
de querer cambiar al mundo
sin dejar de pagar
las cuentas de cobro,
éerms amantes jóvenes.
poetas,
soñadores,
exploradores,
ingenuos revolucionarios
que nada sabíamos
del trajín
de “hacer dinero”
e íbamos al garete
mirándonos en los ojos
para compartir
en cada día
nuestras
penas
y alegrías,
sin cadenas
a las cosas materiales.

Con la gardenia del cuento,
cuán princesa polinesia,
adorné mi cabellera
mientras unidos de manos
regresábamos a casa
paso a paso,
mi hombre y yo
sonriendo
jubilosa, abiertamente,
como si un anillo de diamante
resplandeciera en mi mano.

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Bajo el ojo fulguroso
de la luna de Buda,
al pie del eucalipto,
te exorcizo a apartar
tu roce de mi entraña,
de mis oídos tu voz,
de mis venas tu olor.
En mis sueños
quemo tu sombra,
me abruman presagios
de años lejanos,
memorias de instantes
de álgidas emociones,
pesares turbulentos
y delicados secretos.

En medio de mi  vanidad,
me incita el grito
del más puro deseo,
que viola con impudencia
los cielos desiertos
en pleno mediodía,
y luego se tornasola
al llegar el ocaso
que ayer nos cobijaba
una vez en cada día.

Esta noche,
los ojos girando por el cielo,
la luna llena de Buda
afirma que todos vamos
por el mismo camino,
a  menudo fallamos
y somos demasiado
humanos.

En la quietud se desprende
de mis labios tu nombre
como pluma delicada,
y me sumerjo
en lo que fue una vez,
ya no lo es,
ni nunca más
podrá ser:
llamaradas ahogadas
por las cascadas  del tiempo,
tiempo cruel,
demasiado real,
cada uno
en su órbita enclaustrado.

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Si quieres sentir,
escribe,
para que las sombras
se iluminen
con prismas
que llevas
prendidos en las entrañas
cuan enormes lapas.
Nada de elegir,
decidir,
podar,
revisar:
dispara todos los cañones
en esta noche
crespona de mayo,
el aire repleto
de cánticos,
con cardenales
que ya entonan notas
de sus obras maestras,
A lo lejos el ferrocarril
va quejándose
o tal vez jactándose
a las seis en punto
de cada día
con largos pitidos
que pregonan
los muchos kilómetros
de su recorrido.
Deja de pensar.
Escribe
como respirar
o lanzarse
al fondo
de aquello no deseado,
no declarado,
quizás ni olvidado…
Lo que nadie espera,
ni exige,
ni desea:
temas demasiado
reales
y feos
que aceptan
mas  nunca sienten
porque lo tuyo
les proporciona
emociones
a precios rebajados. .

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for all my Kundalini friends – because you understand .….

At the first nudge of  sunrise,
I sit in the screened in porch
on a sheepskin
and close my eyes:
finding focus –
third eye :
bulls eye
ajna
indigo
five pointed star
seat of intuition
hawk
blessed pituitary…
I fall into that space
eyes rolled back
spine climbing toward
the heavens,
breath  long,
sweet comfort
abandon
link
to the golden sphere
high in the sky
to siddhis
yogis
gurus:
ah sweet surrender.
Deep in my belly
sounds form,
movement
subtle
barely audible
soft
and
shy
like a young lover
in awe
timid
nervous
tenuous…
In the garden,
birds have begun
morning rituals:
calling
trilling
preening
pecking
searching
splashing

I listen
with my skin
through my pores
and begin to savor
the joy
of mouthing
unfamiliar syllables
long a’s
and sibilant h’s
odd combinations
foreign
and yet so familiar
like a long lost language
I muttered long
before this life :
“aad sach jugaad sach”
my tongue lost in roundness
tip lifting to find
the rough pallet
of  transforming colors
radiant waves
of ancient loved sounds:
“aaadays tisai aadays”
bowing humbly
to the naad
pure vibration
“aad aneel anaad anaahat
jug jug ayko vays”
lifting mind
heart
soul
to the primal one,
pure light
throughout ages
one and the same…
Mouth becomes heart
and
mind soul,
a chain
grows
link upon golden link
round my throat
radiant
as the summer sun,
light as the breeze
that billows the shades:
they unfurl
lifting
me toward Amristar –
floating over
the steeples of the Golden Temple
in pure delight
and ecstasy
sheer energy
illumined
radiant
light
“naanak bhagtaa sadda vigaas”
timeless
without beginning
or end
bliss….
“aadays tisai aadays”
I bow
I fly
I am, I am

Later
much,
in the twilight
between sun and moon,
a white dove
opens its wings
from right between
my eyes.

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           Under the bright eye
            of the Buddha moon,
            neath the eucalyptus –
            I exorcise you –
            remove your touch
            from my core,
            your voice from my ears,
            your scent from my veins:
            I burn your shadow
            from my dreams….
            I am heavy with yearnings
            of years far off….
            remembrances of moments
            full of violent emotions,
            turbulent sorrows
            and tender secrets.
            In my vanity,
            I relish the cry
            of pure
            desire:
            its torrid notes
            crashing through
            desert skies
            in mid day,
            unabashed
            and bright as the sunset
            we once shared,
             but
            never more than once.

            Tonight,
            I look to the sky
            and let the huge
            Buddha moon
            remind me
            that we are all
            on a path –
            often frail
            and all too human.

            I let your name
            fall silent from my lips,
            like the lightest of feathers
            and let go –
            for what once was
            is no longer,
            nor can ever be:
            we turn and glow
            each in its own orbit,
            forever
            sensing the burn,
            but cooled by the long fall
            of time
so cruel
and so very real.

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In the night air
I smell jasmine,
magnolia
and best of all,
gardenia:
flower of sweet passion:
once
long ago,
I walked 20 Manhattan blocks
with the man I loved
to the Plaza Hotel
and had a rum drink
with a gardenia…
Walked,
because we were too poor
to celebrate out
and take a bus…
it was well worth it:
that sweet intoxicating flower
overcame all the struggle:
the meals of rice
with ketchup and pepper:
the cold nights without heat,
and the constant fear
of how
to live true
to change the world
but somehow,
pay the bills:
young lovers,
poets
dreamers
seekers
naive
revolutionaries
know little about
“making money”…
they drift through the days
in each other’s eyes,
in each other’s pain,
in each other’s joy:
free
by having next to nothing:
I placed that gardenia
over my ear
like a Polynesian princess
and walked home
arm in arm
with my man,
grinning
openly
gladly
like I had
a huge diamond
on my hand……

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